Desde el año 2000 se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. El 2 de abril, pero de 1982, la dictadura cívico-militar inició el desembarco de tropas en las Islas Malvinas, usurpadas por Inglaterra desde 1833. Alejandro Lombardi y Guillermo Llugdar compartieron con su experiencia dentro del servicio militar obligatorio.
Alejandro y Guillermo fueron convocados por sorteo al servicio cuando tenían 19 años y 26 años respectivamente; ambos ingresaron al cuartel el 8 de marzo de 1982 y fueron asignados al mismo regimiento, el GADA 601 compuesto por más de 400 soldados, sin embargo, Alejandro pertenecía a la batería A y Guillermo al grupo comando.
Guillermo y Alejandro junto a la vitrina con recuerdos de Malvinas.
“Yo vivía en Mar del Plata en ese momento, me faltaba una materia para recibirme de abogado. La dejé para rendir estando dentro de la colimba, pensando que iba a tener una colimba normal” expresó Guillermo, haciendo referencia al abandono forzoso de los sueños de muchos jóvenes argentinos.
“A los cuatro días de haber ingresado al cuartel nos llevaron a un vivac, era un potrero con carpas precarias, dormíamos sobre piso de tierra. Nos levantábamos a las cinco de la mañana y comíamos con la caída del sol, caíamos desmayados”, explica Alejandro, agregando “en mi caso, yo estuve en un cañón, la primera prueba de tiro la hice estando en Malvinas, no tuvimos entrenamiento con armas. Más allá de eso existen otras cuestiones, uno tiene que estar preparado a pasar frio, a no comer, a perder peso, a no dormir, la guerra no es sólo saber usar un arma”.
Estando dentro del cuartel y a pocos días de comenzar la guerra, los soldados aún no sabían a lo que tendrían que enfrentarse: “nunca tuvimos preparación militar previa y desconocíamos para qué nos estábamos preparando. Veíamos el despliegue y el movimiento de armamento, pero suponíamos, cada uno en forma personal, ningún militar nos informaba” explica Alejandro. Los jóvenes se habían preparado para ingresar a la colimba, no así para enfrentarse a una Guerra en Malvinas.
Héroes de Malvinas caídos.
Estuvieron en el vivac poco menos de un mes, hasta los últimos días de marzo. El grupo GADA 601 embarcó el armamento y las municiones en un buque amarrado en el Puerto de Mar del Plata con destino a Malvinas; sin embargo, las islas no contaban con muelles para el amarre y descarga de ese tipo de buque, por lo tanto, la desestiba se realizó en Puerto Deseado. El 12 de abril los soldados se trasladaron a cuarteles ubicados en Comodoro Rivadavia.
El 15 de abril Guillermo arribó a Malvinas y el 17 de abril fue el turno de Alejandro. “Nosotros viajamos en un 727 de Aerolíneas, sin asientos por supuesto. Te sentabas en filas de a 7 o de a 8 hombres, íbamos 160 personas fácil” explicó Guillermo, respecto al traslado desde Comodoro Rivadavia hasta Malvinas. Alejandro, en cambio, fue trasladado en un avión hércules, caracterizado por ser de gran tamaño, junto con el armamento correspondiente al GADA 601 que no había podido ser desembarcado.
Una vez arribados a Malvinas, los soldados debían esperar en los alrededores del aeropuerto a ser reubicados, Guillermo fue separado de su grupo y ubicado en una escuela en el centro del pueblo junto a Infantería de Marina, que se encargaba de enlazar el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Luego, fue reubicado al radar con sus compañeros. “El bombardeo del 1 de mayo a las 4:50 nos marcó a todos, nos hizo dar cuenta que estábamos en la guerra”, explica Alejandro.
El 14 de junio el conflicto bélico finalizó y los soldados regresaron a Argentina, “nuestras condiciones físicas eran deplorables, estábamos sucios y flacos, con la ropa deteriorada. Entonces el Ejército intentó ocultarnos, la población no tuvo la oportunidad de recibirnos”, dice Alejandro. Cabe recordar que la situación en el país era también difícil, en el arribo de los soldados los argentinos se manifestaron y protestaron en contra del régimen. A los meses de haber perdido la guerra, el Ejército dio de baja del servicio a Alejandro y Guillermo.
El Régimen entregaba este documento a todos los soldados que participaron de la guerra. El mismo expresa que los jóvenes no debían hablar sobre la misma ni emitir juicios respecto al régimen.
“No hay día en que no me acuerde de Malvinas, todos los días de mi vida por alguna circunstancia lo recuerdo, cuando me levanto y siento un poquito de frio, un poquito de hambre” cuenta Guillermo, haciendo referencia a los sentimientos posteriores a la guerra.
“Estés donde estés, así hayamos compartido las 24 horas durante los 70 días juntos, cada uno tiene una experiencia distinta de la guerra, porque todo depende de nuestra cabeza” expresa Alejandro respecto a las sensaciones que ha podido compartir con sus compañeros.
Fuente: Data Portuaria





